Atenuación sensorial, sensación premonitoria y control motor en el síndrome de Tourette
En el Congreso Internacional de la European Society for the Study of Tourette Syndrome (ESSTS), uno de los trabajos destacados fue el ganador del Mary Robertson Award 2026, titulado:
“Reduced sensory attenuation reflects altered motor control in Tourette Syndrome”
“La reducción de la atenuación sensorial refleja una alteración del control motor en el síndrome de Tourette”
El estudio fue presentado por Giulia Stanco, junto a Angela Marotta, Marika Mariano, Mauro Porta y Laura Zapparoli.
Esta investigación aborda una pregunta fundamental para comprender mejor el síndrome de Tourette:
¿Qué ocurre antes de que aparezca un tic?
Desde fuera, muchas veces vemos el movimiento o escuchamos el sonido. Pero desde dentro, muchas personas con Tourette describen algo previo: una tensión, una presión, un picor, una incomodidad corporal o una urgencia interna difícil de ignorar.
A esta experiencia se la conoce como sensación premonitoria.
Y este estudio ayuda a entenderla desde una perspectiva neurocientífica: en el Tourette podría existir una alteración en la manera en que el cerebro procesa las sensaciones generadas por el propio cuerpo.
¿Qué es la atenuación sensorial?
La atenuación sensorial es un mecanismo normal del cerebro que permite reducir la intensidad percibida de las sensaciones que generamos nosotros mismos.
Un ejemplo clásico es el de las cosquillas. Si otra persona nos hace cosquillas, la sensación puede ser intensa. Pero si intentamos hacérnoslas nosotros mismos, normalmente no se siente igual. Esto ocurre porque el cerebro sabe que esa acción la estamos produciendo nosotros y puede anticipar sus consecuencias sensoriales.
Es decir, cuando el cerebro predice bien una sensación producida por nuestra propia acción, tiende a “rebajarla” o suavizarla.
Esto también ocurre en muchas otras situaciones cotidianas. Cuando caminamos, el cerebro anticipa el contacto del pie con el suelo. Cuando hablamos, anticipa parte de la sensación de nuestra propia voz. Cuando tocamos un objeto, anticipa la presión que vamos a sentir.
Este mecanismo nos ayuda a movernos de forma fluida, sin quedar atrapados en cada sensación corporal.
¿Qué podría ocurrir en el síndrome de Tourette?
El estudio plantea que, en personas con Tourette, este mecanismo de atenuación sensorial podría estar reducido o alterado. Dicho de forma sencilla: algunas sensaciones generadas por el propio cuerpo podrían sentirse con demasiada intensidad, precisión o urgencia. Esto puede ayudar a comprender mejor lo que muchas personas con tics describen en consulta:
“Lo siento antes de hacerlo.”
“Es como una tensión que necesita salir.”
“Mi cuerpo me lo pide.”
“Si intento no hacerlo, la sensación crece.”
“Cuando me concentro mucho en el tic, parece que viene más fuerte.”
Desde esta perspectiva, el tic no empieza únicamente cuando aparece el movimiento visible o el sonido. Muchas veces empieza antes, en una señal corporal interna que se vuelve difícil de ignorar.
Un ejemplo de la vida cotidiana
Imaginemos que llevamos una etiqueta de la ropa rozando el cuello. Al principio puede ser solo una molestia leve. Pero si empezamos a prestarle mucha atención, la sensación parece crecer. Se vuelve más presente, más incómoda, más urgente. Ahora imaginemos que esa sensación no viene de una etiqueta externa, sino del propio cuerpo. Y que aparece una y otra vez antes de un tic.
Para algunas personas con Tourette, la sensación premonitoria puede sentirse de un modo parecido: como una señal corporal insistente que pide ser aliviada. Otro ejemplo útil es el estornudo. Antes de estornudar hay una sensación previa: una urgencia corporal que va creciendo. A veces podemos contenerla unos segundos, distraernos o respirar. Otras veces, el estornudo aparece.
Con los tics no ocurre exactamente lo mismo, pero el ejemplo ayuda a comprender algo importante: muchas veces hay una urgencia previa que empuja hacia la acción. Por eso, decirle a una persona con Tourette “simplemente no lo hagas” puede ser injusto y poco útil. No estamos hablando solo de un movimiento. También estamos hablando de una experiencia corporal interna.
Cómo se realizó el estudio
El trabajo comparó a 30 adultos con síndrome de Tourette y 30 personas sin Tourette, emparejadas por edad y sexo.
Los participantes realizaron una tarea experimental llamada Force Matching Task. En esta prueba, una máquina aplica una pequeña fuerza sobre el dedo índice de la persona. Esa fuerza puede tener distintas intensidades.
Después, la persona debe intentar reproducir esa misma fuerza en dos condiciones:
En la condición directa, la persona reproduce la fuerza presionando directamente con su propio dedo. Aquí la relación entre la acción y la sensación es muy directa.
En la condición indirecta, la persona reproduce la fuerza mediante un dispositivo externo. En este caso, la acción está mediada por un mecanismo, por lo que la relación entre lo que la persona hace y lo que siente no es tan directa.
Esta comparación permite estudiar cómo el cerebro procesa las sensaciones que dependen más o menos directamente de la propia acción.
Principales resultados
Los resultados mostraron que las personas con Tourette presentaban una atenuación sensorial reducida, especialmente en la condición directa.
Esto significa que las sensaciones generadas por la propia acción no eran suavizadas o filtradas del mismo modo que en el grupo control.
En otras palabras, las personas con Tourette parecían percibir algunas señales autogeneradas de una forma más precisa o hiperprecisa.
Además, esta alteración se relacionó con la severidad de los tics medida mediante la Yale Global Tic Severity Scale —YGTSS—. Esto sugiere que cuanto mayor era la severidad de los tics, más marcada podía ser la alteración en este mecanismo sensoriomotor.
¿Por qué este estudio es importante?
Este estudio es importante porque ofrece una explicación experimental para algo que muchos pacientes describen desde hace años: el tic no siempre aparece “de la nada”. Muchas veces está precedido por una sensación interna. Y esa sensación puede sentirse tan intensa que la persona necesita realizar el tic para aliviarla. Esto ayuda a cambiar la mirada sobre el Tourette. El tic no debe entenderse solo como una conducta motora o vocal. También puede formar parte de un circuito más amplio entre:
sensación corporal,
atención,
predicción sensorial,
urgencia interna
y
acción motora.
Cuando la persona se concentra demasiado en la sensación premonitoria o en el tic, puede ocurrir que esa señal se vuelva más intensa. Es como si el cerebro le diera más importancia: “esto está aquí, atiéndelo, haz algo”.
En cambio, cuando la persona está implicada en una actividad significativa —jugar, dibujar, cantar, hacer deporte, nadar, conversar, crear, concentrarse en una tarea—, la atención se distribuye de otra manera y, en algunos casos, los tics pueden disminuir temporalmente.
Esto no significa que la persona “controle” el Tourette a voluntad. Significa que los tics pueden variar según el estado atencional, emocional y corporal.
Implicaciones para la práctica clínica
Desde la práctica clínica, este estudio tiene implicaciones muy valiosas.
En primer lugar, nos recuerda que no debemos trabajar únicamente con el tic visible. También debemos explorar la sensación premonitoria: dónde aparece, cómo se siente, cuánto molesta, qué pensamientos la acompañan y qué ocurre cuando la persona intenta esperar.
En segundo lugar, refuerza la importancia de intervenciones como CBIT, HRT, la exposición con prevención de respuesta, la conciencia corporal, la relajación y algunas prácticas de atención plena. Estas intervenciones no consisten simplemente en “parar el tic”, sino en ayudar al paciente a reconocer la urgencia, tolerarla, modularla y responder de una manera diferente.
En tercer lugar, ayuda a comprender por qué poner demasiada atención en los tics puede aumentar la urgencia en algunas personas. Cuando el foco queda atrapado en la sensación corporal, esa sensación puede amplificarse. Por eso, en terapia también trabajamos la capacidad de observar sin reaccionar de inmediato, redirigir la atención y construir estrategias que devuelvan al paciente una mayor sensación de control.
La idea no es ignorar el tic ni negar la sensación. La idea es aprender a relacionarse de otra manera con esa urgencia corporal.
Para las familias y los entornos educativos
Este estudio también tiene un mensaje importante para familias, docentes y personas que acompañan a niños y adolescentes con Tourette. El tic no debe interpretarse como una simple manía, una conducta caprichosa o una provocación. Muchas veces, detrás del tic hay una experiencia corporal interna. El niño o adolescente no solo se mueve: también siente. Y a veces siente demasiado. Por eso, es importante acompañar con preguntas que ayuden a comprender, no con reproches que aumenten la vergüenza.
En lugar de preguntar únicamente:
“¿Por qué haces eso?”
“¿No puedes parar?”
“¿Otra vez con el tic?”
Podemos preguntar:
“¿Qué sentiste antes?”
“¿Dónde lo notaste en el cuerpo?”
“¿Era tensión, presión, picor o urgencia?”
“¿Qué te ayudó a que bajara un poco?”
“¿Hay algo que podamos hacer para que estés más cómodo?”
Estas preguntas ayudan a validar la experiencia interna de la persona y abren la puerta a estrategias más respetuosas y eficaces.
Una mirada más humana del Tourette
La aportación central de esta investigación es que el síndrome de Tourette puede entenderse también como una alteración en la relación entre sensación, predicción y acción. El cuerpo de la persona con Tourette no solo se mueve. También anticipa, percibe, interpreta y busca aliviar. Por eso, en Tourette, el tic muchas veces no empieza cuando lo vemos. Empieza antes: en una señal corporal que puede sentirse demasiado precisa, demasiado intensa o demasiado urgente. Comprender esto nos permite acompañar mejor. Nos permite diseñar tratamientos más humanos, más respetuosos y más ajustados a la experiencia real de quienes conviven con tics.
Desde ACOVASTTA, seguimos apostando por una mirada basada en la evidencia, pero también profundamente humana: una mirada que no reduzca el Tourette a sus síntomas visibles, sino que escuche también la experiencia interna de cada persona.






